Pastillas celestes

No me estoy sintiendo bien y decido tomar un analgésico. Busco en el botiquín y como no encuentro decido llamar a la enfermería del barrio. En menos de un segundo tengo los medicamentos que necesito más un vaso de jugo para poder tomarlos. Pero la enfermera va más allá y prepara una dosis mini para mis gatos. Yo estoy adormilada y al principio no entiendo bien qué está pasando pero luego, cuando veo que mi gata Curni Lov acepta los calmantes, empiezo a gritar.
“Yo no sabía que los gatos no pueden tomar calmantes”, dice la mujer.
El primero en tirarse al piso es el Sr.Oli. El Amtommio intenta acercarse para ver qué le pasa y cae a su lado. Yo me desespero: “Están muertos. Están muertos”. Acto seguido intento sacarle las pastillas celestes de la boca a la gata pero es imposible. Ella no quiere soltar nada. Entonces busco información en google, donde por lo general uno encuentra la verdad y aparece un número de teléfono.
Llamo.
“Hola, soy el veterinario de sus gatos. En este momento no puedo atenderla porque estoy en la Costa Azul”.
Armo un bolso con lo necesario y nos subimos en el primer 152 con cartel “vamos a la UCA y a Mónaco” que pasa por la puerta. Cuando llegamos, gracias a Dios, todavía tenemos unos minutos para un Campari con hielo. Ya estoy mejor

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