Los amigos de mis amigos son mis amigos

Hoy estuve en la casa de Susana Giménez tomando una coca cola. Estaba Mecha también. Y como se ve que veníamos de una fiesta muy importante y estábamos cansadas, nos sacábamos los zapatos y poníamos los pies sobre unas banquetas. La Su hablaba y hablaba mucho todo el tiempo y su hija se avergonzaba y me decía: “No escuches a mamá”. Yo tampoco quería escucharla porque en realidad estaba muerta de sueño y sólo quería irme de ahí. Le pido a Mecha que me consiga un taxi pero lo único que hace es acompañarme hasta la puerta de calle y ahí me choco con Pablo Carrasco, que es un amigo de mi amigo Mauro. Nos saludamos y él me comenta que dejó de trabajar en televisión y que ahora se dedica sólo a la política. Acto seguido me muestra un afiche en donde se lo puede ver junto a la Presidenta señalando hacia el futuro. Y yo le digo que eso es una truchada. No porque ahora se dedique a la política ni por su ideología, sino porque su foto está trucada y se nota. Le exijo hacer una foto de campaña nueva si quiere ganar las elecciones. Entonces nos metemos en una casa llena de tardoadolescentes completamente borrachos, les robamos una computadora y nos ponemos a jugar al Mario Bros.

El hombre con la cara de Buster Keaton

Estaba con mi amiga Carolina en su casa y ella llamaba por teléfono a Cutipaste, que es mi persona favorita de twitter porque es igual igual a Buster Keaton. Lo llamaba para su cumpleaños que es ahora, en estos días y le decía: “¡hola Cuti!” y charlaban de la vida, de sus cosas, de su próximo viaje en familia. Y a mí me agarraba una crisis de celos ante la cercanía entre ellos. Entonces la increpaba: “¿por qué hablás así con Cutipaste? ¿No te das cuenta que me dan celos? Ah, es porque los dos militan en La Cámpora? Porque vos también militás en La Cámpora, no? ¿De ahí lo conocés?”
Con cara de culo me quedo a cenar y ella me prepara albóndigas de carne. Además de ser vegetariana, nada me da más impresión que una albóndiga. Me quedo en el porche, sola con mi plato. Y voy tirando la comida envuelta en servilletas mientras ella recibe a otros amigos y a su novio Amadeo.
De pronto su casa se convierte en mi casa porque están mis vasos, mis armarios, mis cosas y hay una foto de cutipaste con la cara de buster keaton y yo se la quito porque no puedo soportar que ella tenga una foto suya sobre el aparador. Pero como soy torpe, se me cae y se rompe el cristal del portarretratos. Y yo me largo a llorar y ella me reta.
Ofendidísima decido irme, porque “no puedo estar en un lugar donde no conozco a nadie (que en realidad era una mentira porque había mucha gente amiga allí) y donde cutipaste ahora es graciela borges y antes era irma roy y yo sin saberlo”.

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Dormí feliz de 01 a 04… luego, fue todo más terrible que una pesadilla: ex novios, mis amigos Débora y Eduardo, otros amigos, asesinatos, parientes, lo mejor y lo peor del cine indie, ¡mis padres!, persecusiones, canciones pop y drogas duras. Envejecí 10 años y casi necesito un corazón nuevo.

((el momento onírico con Eduardo: él venía con otros amigos a mi casa de belgrano y nos poníamos a cocinar pizza mientras cantábamos canciones de montaner y adorábamos la foto de “gato cocinero bebé” (Gato Dumas de chiquito vestido de chef) y tomábamos vino. Y él me preguntaba: ¿qué hace tu ex novio acá? ¿lo invitó el Gato Dumas?))

Salir de gira

Esta vez yo era amiga de Anabella Ascar, quien estaba a punto de parir un hijo de Alberto Rodríguez Saa. Y teníamos que llevarla al sanatorio sin que la prensa supiera: sacarla de Crónica sin que supieran que estaba de 9 meses y llevarla a parir con Saa manejando. ¡Un disparate! Por suerte yo me desviaba a buscar unos 5 millones de dólares en lingotes de oro en el banco de recaudaciones y premios y así podía irme de gira con Wilco y regalarles licoritas.

Andate ahora, Susana

Soñé con mi ex trabajo aunque esta vez ya no era una especie de sueño indie… esta vez había mucho presupuesto: lujosos decorados, grandes escenografías y persecuciones.

Por alguna razón yo seguía trabajando ahí luego de haber sido injustamente despedida y cuando ellos se dan cuenta de las cartas documentos que van llegando (y anunciando el juicio), me empiezan a amenazar y me sacan la llave electrónica y el cospel de las gaseosas. Y me dicen: “Andate, Susana. Andate ahora”. Entonces, mis amigos me esconden en un estudio, en donde yo me dedico a cocinar paella. Hasta que alguien me descubre y me empieza a correr por todo el edificio. La cosa es que cuando llego al estacionamiento, aparezco en el ascensor de la casa de una amiga. Y al querer bajar, me caigo al vacío.
Hay varias tomas de esta última escena porque intenté modificarlas, porque la angustia era muy grande. No logré mucho: al final siempre moría… cortada en fetas o del susto, pero moría.

El bueno, el malo y otras cosas

Resulta que por alguna razón Cristian Vega se dejaba un proyector de cine en la casa de mi viejos con tres latas de película. Yo caigo de casualidad y veo todo eso y necesito investigar. La película era: “The Good, the Bad and the Ugly”. Obvio que intento cargar el primer rollo pero se me va todo a la mierda y mi vieja me grita desde el fondo que no haga cagadas, que eso que está ahí es de Cristian.
Entonces llega él con Alejandro Agresti, ponen la película y se quedan tomando fernet con unos vecinos mientras yo me vuelvo invisible.