Formula 1

Estamos con Axel y el Chano de Tan Biónica en el #SocialShow esperando que llegue Christian Nobile mientras hablamos de longboard y bares platenses… En un momento alguien a quien no vemos nos menciona temas por detrás del decorado del programa. Nos tira “tópicos”… para que la charla no decaiga y terminamos hablando de Fórmula 1. Entonces yo comento que el papá de mis amigas es Jacques Villeneuve y saco un montón de fotos de la infancia que llevo en la agenda y se las muestro. “Acá cuando íbamos a pescar”, “en esta mientras festejábamos el cumpleaños de Belén” y así. Axel me mira con el ceño fruncido y me dice que las fotos son todas trucadas, que se nota el collage. Me ofendo y decido llamar por teléfono a Sierra Grande para que me pasen con Jacques y sacarlo al aire en el programa. Ahora Sierra Grande es Carrefour y Jacques no maneja un auto de Fórmula 1 sino un changuito con la compra del mes pero igual nos saluda encantado a través del skype mientras de fondo suena “Lunita de Tucumán”.

La mafia

Estoy amenazada por la mafia y tengo 45 minutos para abandonar mi casa. Como sé que es un simulacro, que en realidad voy a irme por unas horas mientras ellos dinamitan mi hogar, sólo me llevo unas pocas cosas. Con los gatos caemos en la casa de mi amigo Vaisman, que ahora vive enfrente. Dejo el bolso en un sillón, apagamos todas las luces del departamento y nos tiramos al piso para poder mirar cómo la mafia vigila la zona; cómo pasan con sus autos disparando. Mi mamá no sabe nada y llama a la policía pero como nosotros le intervenimos el teléfono, podemos parar el desastre. En eso aparecemos frente a frente con Maicol Corleone. Y yo me digo: “esto no es bueno. si entrás a tu casa y te encontrás a Maicol Corleone no puede ser algo bueno”. Vaisman me pregunta si comemos kosher o chino y yo me quedo pensando. Maicol nos habla y nosotros evidentemente decidimos ignorarlo y le bajamos el volumen. “¡Kosher!”, exclamo mientras tomo una Cepita.

Mi mejor amigo y yo

Estoy con mi mejor amigo en la Yenny de Cabildo tomando una soda con lima mientras esperamos que llegue Morrissey. De pronto me pide que lo acompañe a buscar algo en la sección de películas. Ahora Cabildo se convierte en el Abasto y Ezequiel en animador de fiestas para niños en el Patio de Juegos. Yo me siento en una mesa del lugar y lo miro: es muy bueno en lo que hace. Aplaudo. Entonces se me acerca alguien, de cara muy familiar y se sienta a mi lado. Trae una merienda muy rica con café con leche y tostadas (que yo ya no como) y jaleas de colores exóticos y tiene al Amtommio oculto en el morral pero estoy segura de que no lo raptó porque mi gato parece relajado. Y como si eso fuera poco, me habla como si nos conociéramos. Parece que es mi novio o mi marido o algo por el estilo. Yo no lo quiero contradecir pero sé que cuando Ezequiel termine su show, me voy a ir de ahí rumbo a Chapadmalal a tomar exámenes a los chicos del Normal 11.

Sin Reservas

Resulta que voy en bicicleta hasta el correo de Olivos a buscar una carta de “el hombre con la cara de Buster Keaton”. Llego y me dan un papelito con una clave para un mail con encomienda que sólo puedo abrir desde la notebook del lugar. No sé muy bien qué es todo eso porque nunca antes he recibido algo así pero cuando lo abro descubro dos adjuntos con óleos. Al parecer “Buster” también pinta en sus tiempos libres. Me quedo maravillada mirando esos paisajes muy estilo Turner y entonces mi amiga Guadalupe (LaMatancera) llega con un café con leche y me comenta que llueve en Venecia, que si no me apuro nos vamos a perder los carnavales. Yo estoy en bici y ahora vivo en San Telmo y se me complica el traslado, pero dejo todo en un gimnasio de la zona y vamos a tomar otro té a la casita china de Arribeños para hacer tiempo. Allí el menú es interactivo y viene con links a fotos de autor y accesos al back stage de la cocina de Leandro Cristobal, que nos da la bienvenida al lugar haciéndose el “Aaron Eckhart chef”.

En el dentista

En sus ratos libres, la diseñadora Vera Wang es mi dentista. Voy porque necesito que me arregle una muela y si bien ella siempre ha sido muy amable, esta vez tengo bastante miedo. El consultorio está ubicado en el set de filmación de Gossip Girl, con lo cual actores y amigos y pacientes se cruzan en todo momento. Dan Humprey me acompaña hasta el lugar y Vera me hace pasar. Ni bien me acomodo y le comento que estoy asustada, me clava una inyección en la mano. Yo pego un grito y ella me vuelve a clavar otra inyección en el brazo. Algo raro está pasando acá y nadie es capaz de rescatarme. Entonces llegan Blair Waldorf y Chuck Bass a mostrarle a mi dentista unos zapatos nuevos que se han comprado mientras yo me voy desvaneciendo. A partir de ese momento todo es muy confuso y misterioso y recién recobro el conocimiento cuando termina el último capítulo de la temporada y el director nos dice que todos nos podemos ir a casa.

La familia Tweedy

Con mi mamá vamos en el auto rumbo a Chicago a ver a la familia Tweedy: está por nacer un nuevo bebé. Llegamos y yo saludo a todos los que están por ahí y les comento que tengo una bolsa llena de regalos. Una partera me dirige directamente a la habitación de una agotada Suzanne. Me quedo con ella, le hablo, le digo cosas afectuosas y en eso entra Jeff y nos confirma que ya es la hora. Entonces elegimos de qué color vamos a armar la cuna y sacamos una colección de ropa blanca muy linda comprada en Martínez. Todas las sábanas, mantas y frazadas, tienen patos bordados. Pienso que esa niña va a ser muy feliz rodeada de patos. Después agarro la cámara y los fotografío a ellos que se ven muy relajados en todo momento. Spencer me da la mano y nos sonreímos y Sam aparece de pronto con galletas, leche y coca cola y nos vamos al porche a esperar mientras escuchamos canciones de Christina Aguilera. Están los abuelos que me agradecen que haya ido. Yo les hablo en inglés por momentos, pero cuando me emociono mucho… se me escapa el español y nadie entiende nada pero no importa.
¡Nació, nació!, dice el médico.
Corremos todos a la habitación a ver. Vamos con una camarita de super8 y tratamos de filmar todo aquello. Lloramos, reímos, cantamos canciones hermosas de Melero y Jeff comenta: “Hay que almorzar”.
Ahí nomás, saco mi celular y mando un tuit avisando que nació un nuevo integrante de los Tweedy. Felipe Díaz Legaspe me responde rápidamente: Ah, sí… creo que la van a llamar Alice Liddell pero le digo que esa es la Alice de Lewis Carroll. La beba se va a llamar “Estela”.
Cuando vamos todos para el comedor nuevamente, le muestro a Suzanne mis cosas de Wilco. No son muchas, claro -tengo más de Neil Young- pero igual le voy contando dónde compré cada disco y de dónde saqué la remera amarilla con el nombre de la banda en verde que solía usar Manuel Moretti y a ella parece interesarle porque en un momento deciden cambiarle el nombre a la beba y ponerle “Susana” en mi honor. Lloramos todos. Y salimos a tomar fresco en familia. El porche de esa casa es el porche de la casa de mis viejos sólo que tiene la bandera de los Estados Unidos en la puerta. Y yo me siento muy feliz aunque aún no entiendo por qué estoy ahí, viviendo todo eso. Ni por qué me invitaron. Como sea, Spencer y Sam me caen muy bien.