El arquitecto del vecino

Estamos remodelando nuestra casa y nos da la impresión de que se está haciendo todo muy mal. Desde el techo hasta las paredes. Y ni hablar del baño. Llevamos gastados más de tres millones y aún no vemos los azulejos bien colocados. Todo es un horror. Mi padre me manda a hablar con la vecina, cuya casa también está en obra. Quiere que le pregunte cuánto le presupuestaron a ella. Yo nunca estuve en la casa de al lado. Me da miedo ir. Aún así, tomo coraje y voy. Toco el timbre y me abre Carmela Soprano. Su casa es espaciosa, está impecable y llena de gente y comida. Me presento, le planteo mi inquietud y automáticamente le habla a su arquitecto, quien rápidamente deja su plato de pastas y hace los planos de mi casa nueva. Los dibuja en una servilleta manchada con tuco.

-Te voy a mostrar cómo resolví el tema del escritorio en esta casa -me dice y me lleva hasta el noveno piso de la Mansión Soprano.
Mi casa no es tan grande. No tenemos playroom ni salón para guardar cadáveres. Es absurdo que me lleve a recorrer este lugar. De pronto, escuchamos ruidos en el tercer piso. Alguien está acuchillando al vecino de la otra cuadra. La sangre me salpica. Yo grito.
-Tomá, limpiate con la servilleta -dice el arquitecto. Y me extiende la que usó para dibujar los planos de mi casa. Ahora comprendo que la mancha no era de tuco. Era sangre. Simplemente, sangre.

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