Twister

Estoy en una casa inmnesa, moderna, divina cuyos dueños no conozco pero ellos parecen conocerme muy bien a mí. Me estoy quedando a allí “para siempre”. Al menos es lo que comentan los hijos más pequeños sobre mi adopción. En la habitación principal, justo en el medio de la cama, hay una caja gigante con plantas carnívoras. Yo me siento inquieta al respecto pero como no se me ocurre otra cosa, me acerco y susurro: “Qué hermosas están”. Acto seguido las plantas crecen unos diez centímetros. Yo entro en pánico y decido que no voy a dormir en toda la noche porque no me siento segura. Tocan el timbre. El dueño de casa baja a abrir y entra Viva Amorena. Nos saludamos.
-¿Ustedes refrescaron las persianas durante el día?
La familia se mira y niega rotundamente. En eso escuchamos un ruido inmenso, aterrador. Y vemos un tornado que se acerca. Empezamos a correr. Las persianas de la casa se desprenden. Se vuelan las mesas. Los televisores. La mujer. Yo no puedo parar de gritar.
Entonces Viva Amorena nos mete al perro y a mí en el sótano de un empujón, junto a los hijos menores del matrimonio. Yo quiero saber si en mi casa también están viviendo esta locura pero al parecer estamos incomunicados.
Viva Amorena, que conoce muy bien la casa y sabe lo que hay que hacer en estos casos, se pone a preparar unos bocaditos de emergencia. Son bocaditos muy completos para que podamos afrontar lo que está por venir.
-¿Vos habías vivido algo así? -pregunta uno de los niños.
-No, sólo vi Twister.
Cuando finalmente nos sentamos a almorzar, yo comento que sólo ingiero alimentos orgánicos. Todos me miran mal. ¡Qué desastre!

Casi famosos

Estoy con la presión alta y me duele mucho la cabeza. Belén López del Río me dice que me tengo que calmar y hacer yoga antes de irme a casa pero yo no logro concentrarme, sólo quiero buscar en internet los síntomas y consecuencias de lo que me pasa. Mis brazos se estiran pero no lo suficiente como para alcanzar la notebook que está sobre el escritorio. En eso aparece Philip Seymour Hoffman cargado de discos. Belén se agarra la cabeza con las manos y resopla.
-Este pibe es insoportable.
Yo la miro y sonrío. A Philip lo conozco mucho y lo quiero.
Me acerco caminando suspendida, como si estuviera en una película de Spike Lee y lo saludo emocionada.

-Soy la amiga de Chaco Quintana, tu productor. Trabajamos juntos en varias películas. Mi favorita fue “Alta Fidelidad” aunque en “Casi Famosos” estuvimos muy regios los dos.

Él asiente sin decir nada y me pide la llave del baño. Hacemos una especie de intercambio: yo le doy las llaves y él me da sus cuadernos de rock. Me quedo mirando su letra que es practicamente la de un asesino serial. No sé nada de grafología pero esas cosas son obvias. Me asusto un poco y le comento por lo bajo a Belén que tenemos que tener cuidado con Philip porque hay una “J” que parece “K” y eso no es nada bueno. Entonces lo escuchamos gritar indignado. Parece que en el baño hay jacuzzi y sauna pero no hay inodoro.

-¡Carta documento! Demanda ya, grita Philip mientras llama al ascensor.

The Best

Jack Nicholson me deja sola en un bar medio pelo, lleno de gente extraña. Creo que no me voy de ahí porque está Carlitos, un viejo compañero de trabajo. Lo saludo con la mano y me acerco. Nos sonreímos. Entonces aparece Javier Bardem y nos pide que vayamos hasta su mesa. Una vez allí, nos da unas tarjetas para completar. Lo que nos está pidiendo son datos muy personales como número de teléfono, grupo sanguíneo, dirección… Lo miro con desconfianza y me niego a participar. Tengo miedo de que me pase algo malo. Estoy leyendo muchas novelas policiales y esto no está nada bien.
-Sólo si llenás esta tarjeta te voy a poder dar un mensaje para tu vida. Un mensaje del Señor.
Carlitos obedece y le da su tarjeta llena. Bardem la mira y le entrega una hoja azul tamaño A4 con un mensaje alentador. Un buen mensaje.
Entonces yo completo mi ficha, no del todo convencida, y se la entrego.
Bardem niega con la cabeza y me mira serio.
-No vas a crecer nunca, verdad? ¡Esto es una pena! ¡Una pena!
Me extiende sobre la mesa una hoja color amarillo A3 con un montón de marcas en rojo señalando todo aquello que hago mal día a día.
Carlitos me mira. Me siento intimidada, me duele el pecho. No me gusta lo que pasa aquí. Quiero volver a casa.
-Tenés que proponerte más desafíos, Susi -me dice Carlitos.
En eso lo veo a Cristian Castro. Lo saludo agitando la mano. Está sentado junto a un letrero de neón con una palmera a un costado que dice: “THE BEST”.
-A ver si te animás a darle un mensaje a él -digo.