Astrologia I

Estamos con Leandro Prieto en la clase de astrología. María volvió de las vacaciones y se supone que vamos a hacer un repaso de todo lo visto en el 2012. Yo estudié bastante pero no me acuerdo de nada y estoy algo preocupada. Leandro dibujó un mandala astrológico tan fabuloso que ya se sacó un diez y ahora Gabriel lo está pegando en la pared del fondo, al lado de nuestros ascendentes. En un momento María nos hace sacar una hoja. Yo comento que no hay forma de que logre pasar el examen pero todos minimizan la cuestión asegurando que voy a poder chequear los apuntes.
En eso miro la hoja de Leandro y veo que tiene más de veinte ecuaciones relacionadas con el sol en doce. A mí me tocaron los nodos, los tránsitos y la luna en capricornio. Hago cuentas y cuentas y como no me salen, decido irme a un costado para ver la nueva comedia de Suar y Oreiro en el 13. De pronto, alguien me pide prestada la tabla periódica, la calculadora científica y los apuntes de lógica matemática. No sé de qué están hablando pero intuyo que todos saben cosas que yo no y me desmayo.

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Pastillas celestes

No me estoy sintiendo bien y decido tomar un analgésico. Busco en el botiquín y como no encuentro decido llamar a la enfermería del barrio. En menos de un segundo tengo los medicamentos que necesito más un vaso de jugo para poder tomarlos. Pero la enfermera va más allá y prepara una dosis mini para mis gatos. Yo estoy adormilada y al principio no entiendo bien qué está pasando pero luego, cuando veo que mi gata Curni Lov acepta los calmantes, empiezo a gritar.
“Yo no sabía que los gatos no pueden tomar calmantes”, dice la mujer.
El primero en tirarse al piso es el Sr.Oli. El Amtommio intenta acercarse para ver qué le pasa y cae a su lado. Yo me desespero: “Están muertos. Están muertos”. Acto seguido intento sacarle las pastillas celestes de la boca a la gata pero es imposible. Ella no quiere soltar nada. Entonces busco información en google, donde por lo general uno encuentra la verdad y aparece un número de teléfono.
Llamo.
“Hola, soy el veterinario de sus gatos. En este momento no puedo atenderla porque estoy en la Costa Azul”.
Armo un bolso con lo necesario y nos subimos en el primer 152 con cartel “vamos a la UCA y a Mónaco” que pasa por la puerta. Cuando llegamos, gracias a Dios, todavía tenemos unos minutos para un Campari con hielo. Ya estoy mejor