Predicciones

Estoy sentada en una mesa de La Giralda, charlando con Alfredo Cutipaste (aka “El hombre con la cara de Buster Keaton”). Tomamos café mientras le cuento por mail todo lo que le depara el futuro. Le digo lo que veo que le está por pasar y él mira con seriedad las cartas que van saliendo, los mails, las tazas y la computadora mientras por al lado nuestro pasa mi amiga Guadalupe y nos saluda. Le cuento que estoy prediciendo el futuro de las personas y ella me dice que capaz no haya que decir todo lo que uno ve cuando ve y sale de ahí rapidísimo. Capaz que tiene razón, capaz que no tengo que decir nada más. Entonces agarro mis cosas, saludo amablemente a Alfredo y me voy a filmar una película con mi mejor amigo Ezequiel.
Estamos en San Telmo, parece.
Y hay una escena que ocurre en lo de Leandro Cristóbal. Yo estoy con la cámara y me acerco a él que está picando algo. Le pregunto qué es eso y dice: AJO.
-Detesto el ajo, Lele
-No mires, entonces.
Él mete todo lo picado en la salsa que vamos a comer los del rodaje y yo me pongo loca. Busco ayuda desesperadamente mientras él arremete: “Es la mejor salsa de salchichas que vas a comer en toda tu vida, Susana”.
-Soy vegetariana. VEGETARIANA. ¡SOY VEGETARIANA!
Transpiro, me pongo aún más inquieta pero todos allí están encantados con la salsa, el ajo y las salchichas. En eso aparece la tía de Narda Lepes y exclama: “Hoy crecés de golpe, nena. Esto te va a cambiar la vida”.

Chacarita

No paro de llorar, estoy sumamente angustiada y mi primo Daniel me regala 20 kilos de laja marplatense para que construya una chimenea. Lo miro fijo durante un rato y comprendo que es el mejor regalo que he recibido en toda mi vida. Cajas y cajas de laja para la construcción de un invierno soñado y maravilloso. Entonces llamo a mi arquitecto para que empiece a trabajar rápidamente. Mi primo me dice que las lajas son para vivir siempre en el mar aún en invierno y acto seguido me invita a la cancha. Yo acepto feliz pero la cancha queda en Nuñez y Chacarita ya no es más el club de mis sueños sino que es River Plate. Jerry Seinfeld que está cortando los cristales de sus anteojos con un cuter sin filo me dice que tengo que acostumbrarme a la vida; que estas cosas me van a pasar siempre. Sonreímos.

La remera de Cancun

Tengo que entrevistar a Benja Vicuña y a su mujer. Mi vieja se entera y me pide que le lleve algo a ella. Aparentemente son unas remeras que yo uso para dormir y que ella quiere. Me opongo pero no me sirve de mucho. Cuando llego a la finca del matrimonio, me recibe Pampita feliz de la vida porque sabe que en la bolsa tengo esas remeras viejas de Cancún que tanto desea. Le explico que son mías, que me las dió mi ex novio pero no le importa. Sólo me contesta: “tu mamá dice que yo las cuido mejor; que me corresponden”. Esto me pone muy triste y decido dar por terminada la entrevista para buscar refugio en la casa de unos amigos. Cuando llego, ellos tienen la feliz idea de pedir comida vietnamita, algo que yo no comería ni en sueños. Gastan fortunas en esa cena. Por suerte en la heladera hay media tostada.

Capullos de lavanda

Estoy en la casa de mi amigo Guille pero en realidad ya no es su casa y tampoco está él ahí. Sólo hay una foto suya que lo representa. Me preparo un té con leche y pongo un dvd en el que aparecen las instrucciones para preparar una buena salsa de tomate. Como no me interesa demasiado, apago y me voy a comprar flores al negocio de la esquina. Allí, una coqueta Drew Barrymore me explica que para preparar albucema se necesitan gatos pisadores de capullos de lavanda y ahí nomás me da un ejemplo concreto mientras yo la miro con el ceño fruncido. En ese momento, aparece mi amiga Guadalupe LaMatancera por skype desde Palm Beach. Nos cuenta que está parando en la casa de Justin Long, el ex de Drew. De pronto nos convertimos en la gran familia “Barrymore Long”: hasta hay una madre “vidente” que me explica cómo limpiar mi propio cielo con la mente empleando para ello, unos dibujos muy parecidos a los que usan los meteorólogos en los programas de televisión. Practico y practico hasta que por fin me sale. Lo único que no puedo lograr es detener la lluvia cuando cae horizontalmente.

Robert

Resulta que Robert, el señor de mi librería amiga, está limpio desde hace 2 años. Sin embargo y según dicen sus compañeros de trabajo, se va a gastar lo que vale un libro de Martin Amis en pepa. Yo no entiendo nada pero me preocupa un poco la situación. Rafa y Sonia revisan bolsillos, cajones y deciden cerrar el negocio para ir a buscar a Robert. Los acompaño. Lo bueno de todo esto es que vamos en un auto tipo limusina. Vamos recorriendo los barrios de Belgrano, Las Cañitas y Constitución pero Robert no aparece. En un momento bajo del auto y me quedo mirando un afiche que hay pegado en una pared hasta que llega mi mejor amigo y nos vamos juntos a tomar café con leche a la Giralda que ahora no se llama más así. Ahora es “Confitería Alelí”. El café está riquísimo como siempre. El nuevo nombre es espantoso.

Los intrusos

En la quinta hay muchos mosquitos y por más off que nos pongamos, los muy malignos nos siguen picando. En un momento, Marc Anthony le pide a J.Lo que le pase el raid ese que no tiene olor. Yo los miro fijo porque no entiendo mucho que están haciendo ahí ni cómo aparecieron. Me siento en una reposera y los observo interactuar: no parecen estar separados y se hablan con tonada cordobesa. Estoy tan shockeada que decido prepararme una chocotorta para acompañar mi pepsi con limón. Ahora estoy en la cocina de un bar y tengo un ayudante: mi amigo Eduardo. Éste me avisa que para la merienda está invitado tom hanks. La noticia me provoca tanta emoción, que la chocotorta queda convertida en un alfajor guaymallén de fruta y la pepsi en un matecocido con leche. Suena wilco. Otra vez.

Terapia

Estoy en medio del trailer de una película de Alberto Fuguet junto a Pablo Cerda, andando en bicicleta por Las Condes. Mi nombre no aparece en los créditos pero no hay dudas de que soy yo y es mi vida la que se ve en el cine. Por eso decido ir a lo de mi analista a charlar lo que me pasa. Pedaleo y pedaleo y me topo con mis padres que de pronto están en una película de Woody Allen en blanco y negro. Mamá -ahora Meryl Streep- me avisa que hay pie de durazno en la heladera pero que no es para mí sino para la hija de la vecina. Yo no la escucho y voy directo a mi cuarto aunque ya no viva ahí. El amigo de unos amigos se está decolorando el pelo en mi baño mientras yo lo observo horrorizada porque creo que está cometiendo un gran error. Cuando termina y vemos el resultado, él se quiere matar. Se da cuenta de que parece más una chica que un chico; se siente extremadamente afeminado pero yo logro consolarlo con una serie interminable de productos capilares para que su pelo luzca brillante y sedoso, como recién lavado. Me sonríe y acto seguido me invita a ver una película en el cinemark Chile. Acepto encantada y mientras chequea la cartelera, yo me tiro en la cama y le empiezo a contar a Bob Dylan, que está sentado en un sillón con un anotador en mano con lo cual deduzco que ahora es mi psicólogo, que la calabaza me hace mal y que prefiero el whisqui al vino.