Radio

Doy una prueba en Aspen y quedo seleccionada de inmediato. Algo que por cierto no estaba en mis planes porque en mis planes no está volver a la radio. “Empezás a la medianoche”, me dice el jefe de locutores.
Con esta noticia tan extraña, regreso a casa y le cuento a mi amigo Matías, locutor de esa radio, que vamos a ser compañeros.
Afuera llueve. Llueve muy fuerte. Copiosamente.
-Por lo menos tenés que llegar una hora antes de que empiece tu turno.
Esto que me dice ya lo sé. Todos los locutores debemos llegar una hora antes al trabajo.
-Te pido por favor, Susana… no vayas a llegar tarde.
Entro en pánico. Faltan dos horas para que arranque mi turno. Llamo a la remisería del barrio. No hay autos. Llamo a otra. Me dicen que tienen una demora de tres horas pero que si pago un plus, capaz puedan hacer algo por mí. Acepto. No sé de cuánto es el plus ni me importa. Solo quiero estar temprano en la radio.
-No consigo auto, Matías.
-Tal vez yo podría…
Sí, eso. Llevame. Decilo. Terminá la frase.
Matías no solo no completa la idea sino que se va. Por suerte llega mi papá con el auto. Intuyo que él me va a llevar pero no. El auto se descompuso y solo vino a dejarlo en mi garage. Desesperada, agarro mis cosas y salgo corriendo por Villate hacia Panamericana, buscando otra remisería. Cada vez llueve más. Estoy en Olivos, empapada y sin plata y la radio queda en Palermo. En diez minutos empieza mi turno.

Médica

Estoy de guardia. Ahora soy médica. Médica residente. Uso ambo color celeste. Crocs en los pies. Y corro de un lado para otro del hospital. Son las dos de la tarde y no actualicé el bolg ni la cuenta de twitter de @migatodinamita. Nadie sabe que ahora soy médica. Fue algo que ocurrió de golpe. De la noche a la mañana. Mi compañera es Cristina Yang. Algo salió mal en su anterior residencia y fue enviada de Seattle a Buenos Aires y ahora la tengo que soportar yo. Hace una hora le tiré el café sobre sus zapatillas y me dio un cachetazo. No tiene paciencia. No me tiene paciencia. Y yo que soy nueva en esto de la medicina no sé cómo manejarme. Para arrancar, me gustaría poder escribir algunas palabras en twitter. Algo como: “Lo siento, ahora soy médica. No tengo tiempo para andar paveando”. Pero no quedaría muy bien. En eso me entra un llamado. Y otro. Y otro. Todos son de suma urgencia. Atiendo el último. Es mi amiga Coca.

-¿Cómo te sentís?
-No sé. Ahora soy médica. Estoy de guardia.
-Mmmm, qué raro.
-No te das una idea. Es muy difícil ser médico.