Noche Buena y Navidad

Estamos despidiendo al padre de Marion junto al Dr. Bill Hardford. Yo no conozco muy bien a la familia de esta señora pero igual asisto al velatorio por pedido de Bill, que al parecer es mi médico clínico. “Vos vení y de paso conocés el lugar. En este edificio atiende el Dr. Caterpillar, que el lunes atenderá a tu mamá”. Es Noche Buena y en diez minutos será Navidad. Me preocupa no tener algo para brindar pero la mucama nos asegura que el difunto había preparado un cotillón y copas de champán por si sobrevivía. Le creo.
Suena mi teléfono. Pensé que lo había apagado. Atiendo. Es mi madre pidiéndome la dirección del Dr. Caterpillar. No me parece apropiado este llamado pero igual la atiendo.
-Es frente al Museo de Arte Moderno, mamá. Junto a la estatua de Alice in Wonderland. Atrás del tablero de ajedrez.
-Ay, por favor Susana. Mirá si el doctor va a tener un consultorio en ese lugar tan ridículo.
Como no pienso entrar en una polémica con ella, le corto y vuelvo al velatorio. Están todos algo molestos conmigo. Yo trato de disimular, me pongo una guirnalda navideña y agarro mi copa. Sonrío.
-El tablero de ajedrez está frente a nuestra casa. La estatua de Alice está acá -me dice la mucama indignada.
Miro a mi alrededor y veo que la habitación es parte de un parque, parte del Central Park. Y que ahí está Alice. Siento terror.
Son las doce. Todos alzan sus copas y dicen: FELIZ NAVIDAD.

 

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El cumpleaños

Es mi cumpleaños y estoy exultante. Mis familiares invitan a mis amigos y me avisan que también vendrán a la celebración Jimmy Fallon, Marty Scorsese y aquel novio que tuve al terminar el colegio. Preparamos todo, decoramos el lugar, elegimos los discos que vamos a escuchar hasta que de pronto me agarra un sueño tan grande que me obliga a recostarme en el sillón del living. “Un minuto y ya estoy”, digo mientras me tapo con una manta verde aguamarina y me acomodo para caer en un limbo.

Desde este otro lado en el que estoy ahora, escucho risas, gente que canta, que celebra, que me llama pero yo estoy tan cansada que ni fuerzas para abrir los ojos. Intuyo que en algún momento me voy a despertar y voy a estar en mi cumpleaños pero eso no sucede. Sin embargo, en donde estoy ahora veo campos de flores, luces de colores, mucho verde y dorado y percibo una dulce calma que no suele darse en la vida real. No estoy muerta, eso lo sé. Solo estoy soñando. Cuando me despierto, los invitados ya se han ido. Jimmy Fallon me dejó una remera del Tonight show, Scorsese una foto autografiada de Samuel Fuller y mi novio del colegio… un disco de Bowie. En la heladera hay un cartelito muy simpático que dice: “Feliz cumpleaños, no te quisimos despertar. Te dejamos una porción de torta y una coca cola con limón. Chinchín”.