El proyecto

Estamos con Felipe, el agente Smith y un colaborador secreto llamado Julio en una oficina, tomando café, comiendo pan con semillas y terminando de armar un proyecto. Yo sumo trece números nuevos a la causa y todo cierra. O al menos eso dice el agente, que es el que más sabe de proyectos.
A las siete viajamos a Estados Unidos.
Volamos por una aerolínea privada. Nos lleva un amigo del agente pero él no viaja, se queda en las oficinas monitoreando todo.
Cuando llegamos, a mí me entregan un joystick para manejar un video juego gigante. Tan gigante como todo un país. El agente desde Buenos Aires me pide que lo pruebe: choco todos los aviones en menos de un segundo. El agente se desmaya.
A las 17 tenemos una reunión con el segundo de Steve Jobs. Nos llevan a las oficinas en un auto del futuro que se maneja con el sonido de nuestra voz. Felipe y Julio están tranquilos. Yo no sé ni por qué estoy ahí. Ya en el lugar, pasamos un control riguroso. La única sospecha la levanto yo: no tengo documentos. Steve Jobs, desde algún lugar, autoriza mi ingreso y me regala una tarjeta para ver un show de minisugus acuáticos. Muy aburrido todo. O no entiendo de qué se trata.
De todos modos el problema mayor lo tenemos cuando me distraigo y me pierdo (muy neptuno en casa 3) y tengo que arrancar todo de cero y descubro que no sé el apellido de Felipe. Ni el de Julio. Que no tengo sus números telefónicos. Ni mis documentos. Ni dinero. Y que estoy lejos de casa y ellos tienen la clave para poder volver.

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