En la fiesta

Estamos en una fiesta organizada por América, el canal de televisión. Es en un lugar grande, al aire libre. Podría ser la quinta de mis primos porque conozco perfectamente ese pasto, esas luces. La pileta.
El negro González Oro está presente, charlando con todos. No me sorprende porque es una fiesta del canal en donde trabaja. Y además, su ex mujer era amiga de mi tía. Todo es familia en un punto. Unos mozos sirven vino, el negro agarra una copa y se la alcanza a Guillermo Andino, quien torpemente la tira al piso, al pasto y arma un revuelo. Yo miro a todos desde un costado. No entiendo muy bien qué está pasando. Por qué gritan, por qué la gente corre. Sólo sé que algo no está bien. Entonces, veo a Santiago del Moro, descalzo, con el pie bañado en sangre. Hay gritos. Andino se ofrece a llevarlo al hospital. Le explica que es un corte peligroso, que puede morir si no se atiende, pero Santiago está muy alterado y se va de ahí a las puteadas. Es una suerte que estén mis amigos allí. Mauro acaba de volver de un viaje y tiene que quedarse a dormir en la casa de Pol. Yo voy a ir con ellos. Pol vive a cinco cuadras de mi casa. Entonces, algo más sucede. Siento un ardor, un pinchazo en el pie, en los dedos. Miro y descubro una herida de la que está brotando sangre. Busco a Mauro y no puedo hallarlo pero viene Andino a decirme que Santiago está fuera de peligro pero que la que se cortó con el vidrio de la copa soy yo. Y puedo morir.

Cruza al amor.
Yo cruzaré los dedos…

…Y, gracias por venir.
¡Gracias, porvenir!

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