Tragedia

Estamos en una casa muy grande y cómoda con Iris tomando té y mirando la televisión. Ella cambia de canales y deja “Duro de Domar”. Hace frío, la estufa está prendida pero yo estoy descalza. En eso Tognetti anuncia que en Flexograf, un empleado mata a uno de los dueños tirándole una silla por la cabeza. Llega mi vieja y le digo: “Mataron a Andrés, mami”. Andrés es uno de mis primos. Me largo a llorar. Iris llama a su marido para contarle y pedirle que mande flores urgente a mi casa. Nadie sabe muy bien qué pasó pero el graf señala: “TRAGEDIA”. Yo me voy para mi cuarto a cambiarme de ropa y encuentro un CD de Depeche Mode. Es de Estéban, un diseñador gráfico muy famoso que se está hospedando con nosotros un tiempo porque su casa está siendo remodelada por Norman Foster. Al parecer están instalando allí el mejor sistema de audio del mundo que funciona a través de las emociones. La cuestión es que Estéban me ve con su disco y se enoja porque dice que yo soy muy desprolija y dejo todos los cds tirados por cualquier parte. En eso llega mi mamá de nuevo para avisarnos que la mujer de mi primo, del disgusto… pierde el bebé y luego muere. Todos volvemos a llorar desconsolados. Gracias a Dios, Iris nos trae un boldo.
Al rato llega Letterman con su equipo de maquilladores para entrevistar a Estéban. El programa saldrá desde lo de Delia y a pesar del drama, lo vivimos como un gran acontecimiento. Hay bandas en vivo y yo todavía tengo esperanzas de que toque Wilco pero nadie nos dice nada. Como a la media hora de reportaje y en medio del pico de rating, aparece mi tía Elba anunciando que mi tío César se murió de pena. Letterman está consternado y pregunta: “¿No estaba muerto ya?”. “Sí, pero murió de nuevo hace un rato”. Todos allí hacemos un minuto de silencio y cuando aparece la primera banda, alguien nos agarra de la mano a Iris y a mí y nos lleva a un cuarto de preproducción en donde nos maquillan y baten el pelo para meternos en la película del nuevo Almodóvar Vegan Friendly, coprotagonizada por Jude Law. Yo no estoy muy segura de querer salir en el cine pero ya es tarde. Nos están filmando mientras cantamos una chacarera los tres juntos.

Los intrusos

En la quinta hay muchos mosquitos y por más off que nos pongamos, los muy malignos nos siguen picando. En un momento, Marc Anthony le pide a J.Lo que le pase el raid ese que no tiene olor. Yo los miro fijo porque no entiendo mucho que están haciendo ahí ni cómo aparecieron. Me siento en una reposera y los observo interactuar: no parecen estar separados y se hablan con tonada cordobesa. Estoy tan shockeada que decido prepararme una chocotorta para acompañar mi pepsi con limón. Ahora estoy en la cocina de un bar y tengo un ayudante: mi amigo Eduardo. Éste me avisa que para la merienda está invitado tom hanks. La noticia me provoca tanta emoción, que la chocotorta queda convertida en un alfajor guaymallén de fruta y la pepsi en un matecocido con leche. Suena wilco. Otra vez.

Fiesta decadente

Desde que el Luna Park funciona en el Planetario es todo mucho más lindo pero cuando además se siente como la cancha de River, todo cobra sentido. Estamos en un recital.
Mi amigo Quelo y yo llegamos justo para la fiesta de los Auténticos Decadentes y se nos nota muy emocionados: él toma soda y yo té verde. De pronto vemos pasar flotando a Seth Rogen de la mano de Aubrey Plaza. Los saludamos mientras comemos nuestras ensaladas de fruta. Algunas chicas se acercan a besar a Quelo porque es una celebridad dentro del indy. Yo me pongo incómoda o pierdo la paciencia, no sé y me voy a otro lado, cerca de un camping y llamo por teléfono a un amigo que vive en Hungría pero no logro comunicarme. Además de fondo sólo logro escuchar: “La fuerza de llegar, a cualquier lugar, existimos más allá de todo…” en loop.
Pienso que el recital empezó fallado pero no: en el escenario aparace Cucho Parisi que ahora es igual a Jeff Tweedy y anda todo vestido de blanco y con flecos. Nos habla en inglés, presenta a la banda y arranca el show. Abren cantando “Either way” que casualmente es la canción que yo uso para despertarme.

Puta madre

Soñé con Cutipaste de nuevo. Sí, el hombre con la cara de Buster Keaton. Resulta que él me tenía que decir algo re importante. Capaz que era una clave bancaria o el número ganador del Quini 6, no sé. Yo lo estaba esperando en el Mercado de Pulgas, en donde además de vender cosas viejas y usadas, habían montado un circo lleno de payasos y acróbatas. Todas cosas que me provocan mucha angustia, por cierto. De pronto aparece una actriz europea diciendo que es mi madre y que tengo un hermano que se llama Maculay Culkin y yo empiezo a correr desesperada por entre medio de los puestos hasta que me choco con un payaso que reparte unos volantes para ir a un show de wilco. Y en vez de alegrarme por la idea de ver a Wilco -una de mis bandas favoritas del mundo-, me largo a llorar desconsoladamente.
La cuestión es que Cutipaste nunca llegó porque estaba en una realidad paralela que no era otra cosa que su vida de todos los días, buscando una banda en la cual tocar.