La nota a Diego Frenkel

Para Lauescribe

Estoy en un sitio enorme, como un salón donde se juntan escritores consagrados. Pero esta vez no se discutirá sobre libros ni nada relacionado con las bibliotecas del mundo sino que recibiremos un invitado y le haremos una entrevista.
Entonces llega Diego Frenkel. Yo me emociono porque soy muy fan. Tomo agua y disimulo un poco.
Uno de los escritores famosos le hará la entrevista. Pero una vez que Diego se acomoda en el sofá de pana de azul, los minutos pasan y las preguntas no llegan. Entonces, con la voz temblorosa, empiezo a hablar de sus comienzos musicales. De su infancia primero y luego de la música. Llegamos a Clap. Yo tengo el disco en la cartera. Es un vinilo con la tapa algo gastada pero que está impecable. Se lo alcanzo y le comento cuál es mi tema favorito de ahí.
-¿Vos conocés a Beno?, pregunta Frenkel.
-Todos conocen a Beno. Y yo lo conozco a él y a toda la familia. Es más, estoy escribiendo letras para su disco solista. También lo conozco a Sebastián, que me enseñó más cosas de las que aprendí en la escuela.
-Ah. Bueno.
Todos nos miran un poco molestos porque yo estoy usurpando el lugar del entrevistador. Pero la verdad es que alguien tenía que hacer algo. Pedimos café, lo tomamos en silencio. Y de pronto comento: “Una amiga y yo cuando estamos muy tristes escuchamos Escenas de la vida amorosa”. A Diego parece no sorprenderle. Es más, dice que toda la gente cuando está triste escucha ese disco.
-Estoy triste ahora.
Alguien en el lugar pone el disco. Suena “Amar es difícil”.

 

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Whisqui

Salgo de la iglesia del barrio con una botella de whisqui y aparezco en lo de mi hermano Sebastián. Su casa palermitana ahora es gigante y parece un local de ropa: la gente pasa y nos ve a través de las vidrieras. La cuestión es que no sé si está feliz de verme o si le estoy complicando la vida. Se rasca la cabeza, se pone inquieto y comenta que no puede terminar de escribir su guión. De todos modos, lo único que yo necesito es el suplemento Clarín de espectáculos para ver la cartelera. Busco y busco por todo el lugar pero sólo encuentro la manta que usaba de chica para taparme. La agarro y me acuesto a dormir una siesta. Entonces tengo un sueño fantástico en donde todo ocurre en un parque de diversiones inmenso de la India, donde hay un carrusell de coches muy estilo Tati y yo tomo pepsi mientras canto canciones de Nicola Di Bari.