El cine de mi barrio es de Clint Eastwood

Alguien le cuenta al diarero del barrio que el otro cine, ese que es mucho mejor que el Imax, es de Clint Eastwood. Me entero porque voy a buscar el diario bien temprano, a penas amanece, y los escucho comentar. Estoy tan emocionada que quiero llamar a mis amigos para darles la noticia pero no tengo celular.
A la noche vamos con Rotten a ver una de Hugo del Carril. Le cuento los rumores, claro.
-Uh, se viene a llevar la guita del pueblo.
Yo me enojo y lo puteo.
Cuando se apagan las luces me parece verlo sentándose en la butaca contigua. No puedo respirar de la emoción. Tampoco puedo preguntar nada porque en el cine no se habla. Durante toda la película miro de reojo al supuesto Clint Eastwood pero no llego a cerciorarme de que sea él. La película se vuelve interminable y yo estoy insufrible. Cuando por fin salen los títulos finales, Clint se levanta y se va antes de que se prendan las luces.
-Clint estuvo en la función -digo emocionada.
-No. Si hubiese estado acá, Fabio Manes lo hubiera dicho por la tele.

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La pandilla salvaje

Estoy hablando por teléfono con Iris Laura y me avisa que en tres horas nos toman examen de Cívica y tenemos que leer “La Pandilla Salvaje”(*) de Bolaño. Yo lo leí a fines de los 90’s y no recuerdo nada como para enfrentar un examen de esa naturaleza. Entro en pánico y del miedo, se me cae el teléfono por el balcón. Leer esa novela en tan poco tiempo es algo que nunca voy a lograr. Por eso decido faltar al colegio utilizando mi vieja estrategia: “tengo que corregir mi novela para presentarla en un concurso”.
En eso me empiezan a llegar mensajes de texto de Rotten que dicen: “No prendas la tele, rata”. Como nunca fui muy obediente, agarro el control remoto y ahí se me aclara el panorama. Rodolfo Barili está presentando un informe de mi ex profesora del San Francisco en Telefé Noticias en el que hace un llamado solidario. Pide que alguien me localice urgente porque soy la única que no ha rendido su examen y no pueden irse al bingo si primero no me encuentran.

(*) mash up entre la película de Sam Peckinpah y la novela de Bolaño

El Hotel

Escapando de mi familia, aparezco en el hotel Ibis, ese que está a una cuadra del Teatro General San Martín. Me registro y para mi asombro la habitación doble sale 50$. Es un buen precio, supongo… considerando el lugar. Busco en mi cartera la tarjeta de débito y descubro que no tengo nada más que una libreta con números sueltos en mi poder. Estoy angustiada porque sin la tarjeta no voy a poder tomar café con leche ni comer unas frutas. El botones me acompaña al cuarto que es gigante pero aún así no me gusta. El empapelado de las paredes es opresivo y no hay flores en ningún lado. Además el mini bar está vacío y en la televisión sólo se puede ver en continuado “El Padrino Parte III” con Andy García arruinando todo.
No sé cómo voy a hacer para pagar esto sin dinero. Llamo a Rotten y le pido que cubra todos mis gastos hasta que yo recupere mis pertenencias. Le escribo un mail urgente ya que necesito como mínimo 60$, pero algo ocurre y él no puede hacer la transferencia a tiempo. Como tampoco puedo abandonar el lugar si antes no pago, me obligan a quedarme allí para siempre. Fin.

El recital

Estamos con Rotten y su hermano Mauro tomando un café con cañas en el bar del Polaco Goyeneche, hablando de discos y películas. De pronto me agarran de la mano y me dicen: “Hoy toca Metálica. Tenemos que ir”. La verdad es que no me entusiasma mucho la idea pero acepto.
La entrada sale muy cara cosa que me pone un poco de mal humor sin contar que llegamos sobre la hora y los roqueros nos insultan furiosos. El lugar es idéntico al multiplex Belgrano pero el público me intimida un poco con sus trajes de cuero y las tachas. Por suerte encontramos a Marcos Killa que conoce a todos allí y nos consigue unos lugares fantásticos. Parece que es el encargado de presentar los shows de esta noche. Al menos es lo que nos cuenta mientras todos aplauden y ovacionan y putean. También se rumorea que hoy van a tocar la canción esa en la que la gente enloquece y rompe los muebles de la casa como se ve en el video. Con el ceño fruncido le aclaro a Rotten que no quiero estar sentada tan cerca de la banda cuando empiecen a tirar cosas al escenario. Él me dice: “no pasa nada” pero no estoy muy convencida… Gracias a Dios, un pibe que está sentado a mi lado me calma y me da una revista con dibujos de Daniel Clowes. Lo cierto es que me pongo contenta porque descubro que también este recital funciona como una feria de comics e imagino que podré saludar a Gabriel Bobillo cuando aparezca con algunos números inéditos de “Anita la hija del verdugo”. Tomo una pepsi y me relajo. Al fin.