Everest

Meryl Streep es la directora del equipo de dramaturgos con el que estoy trabajando. Es jueves y estamos todos en el campo escribiendo, leyendo y tomando café con leche cuando tocan a la puerta. Meryl, que nos cuida con uñas y dientes, saca una metralleta y antes de abrir, grita: “¡a mi equipo no lo dañarán, lepras!”. Abre y es un señor muy simpático y amable que parece conocerla. Es un ex novio de ella o algo así. Lo saludamos y seguimos con lo nuestro. Hasta que hablamos.
-Me gusta el aeromodelismo.
-Como a Steve Martin.
-Yo soy Steve Martin.
Grito. Aplaudo. Estoy tan emocionada que me voy a saltar a las rocas con los amigos del secundario de Mex Urtizberea. Subo, subo, subo y cuando llego a la cima me doy cuenta de lo peligroso del salto. Mex me alienta y sus compañeros también. Entonces lo veo a Poca que tiene puesto el uniforme del La Salle. Lo saludo. Y le pido que le avise a los demás que me quiero volver a casa. Estoy parada en la punta del Everest. Todavía no sé cómo hice para llegar hasta ahí. La cuestión es que ahora no sé bajar. Inmóvil, contengo la respiración mientras les escribo papelitos a los chicos: “Suban por mí”, “Quiero coca cola”, “Llamen a mis amigos”, “¿Dónde están mis gatos?”

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