El recital

Estamos con Rotten y su hermano Mauro tomando un café con cañas en el bar del Polaco Goyeneche, hablando de discos y películas. De pronto me agarran de la mano y me dicen: “Hoy toca Metálica. Tenemos que ir”. La verdad es que no me entusiasma mucho la idea pero acepto.
La entrada sale muy cara cosa que me pone un poco de mal humor sin contar que llegamos sobre la hora y los roqueros nos insultan furiosos. El lugar es idéntico al multiplex Belgrano pero el público me intimida un poco con sus trajes de cuero y las tachas. Por suerte encontramos a Marcos Killa que conoce a todos allí y nos consigue unos lugares fantásticos. Parece que es el encargado de presentar los shows de esta noche. Al menos es lo que nos cuenta mientras todos aplauden y ovacionan y putean. También se rumorea que hoy van a tocar la canción esa en la que la gente enloquece y rompe los muebles de la casa como se ve en el video. Con el ceño fruncido le aclaro a Rotten que no quiero estar sentada tan cerca de la banda cuando empiecen a tirar cosas al escenario. Él me dice: “no pasa nada” pero no estoy muy convencida… Gracias a Dios, un pibe que está sentado a mi lado me calma y me da una revista con dibujos de Daniel Clowes. Lo cierto es que me pongo contenta porque descubro que también este recital funciona como una feria de comics e imagino que podré saludar a Gabriel Bobillo cuando aparezca con algunos números inéditos de “Anita la hija del verdugo”. Tomo una pepsi y me relajo. Al fin.

Whisqui

Salgo de la iglesia del barrio con una botella de whisqui y aparezco en lo de mi hermano Sebastián. Su casa palermitana ahora es gigante y parece un local de ropa: la gente pasa y nos ve a través de las vidrieras. La cuestión es que no sé si está feliz de verme o si le estoy complicando la vida. Se rasca la cabeza, se pone inquieto y comenta que no puede terminar de escribir su guión. De todos modos, lo único que yo necesito es el suplemento Clarín de espectáculos para ver la cartelera. Busco y busco por todo el lugar pero sólo encuentro la manta que usaba de chica para taparme. La agarro y me acuesto a dormir una siesta. Entonces tengo un sueño fantástico en donde todo ocurre en un parque de diversiones inmenso de la India, donde hay un carrusell de coches muy estilo Tati y yo tomo pepsi mientras canto canciones de Nicola Di Bari.

Speed

Viste que cuando salís con Keanu Reeves a veces él aumenta la velocidad del auto porque piensa que todavía es Jack Traven en “Speed”? Capaz que también piensa que yo soy su Sandra Bullock, no sé. Pero ayer nos pasó eso. Me subo a su auto y él sale disparado por Avenida Maipú y yo siento algo entre el vértigo y el miedo. Y le pido que se calme y entonces me devuelve a mi casa, donde me esperan mis gatos Amtommio y Sr.Oli y todo huele rico y hay té de jengibre. Pero cuando me distraigo un poco, vuelvo a estar con Keanu y su locura por la velocidad. Por suerte logro tranquilizarlo y me puedo tomar una pepsi con limón sentada en el borde de la vereda. Y ser feliz.