Harvard

Me llama Leopoldo Torre Nilsson para recordarme que en Harvard me están esperando. Me dice textual: “Susana, no te quedes perdiendo el tiempo en boludeces que después siempre llegás tarde y Passolini cuenta con vos”. Esa podría haber sido una frase muy de mi madre pero sin embargo sale de la boca de el gran Babsy. Me preparo para ir a Harvard a encontrarme con Passolini en la puerta del aula mayor, que no es otra cosa que la Municipalidad de Vicente López. Una vez allí, me encargan dictar clases de cómo tuitear con eficacia pero mi único alumno es Buster Keaton, quien se muestra un tanto inquieto con la colección de logaritmos y problemas de lógica que voy poniendo en el pizarrón-pared. Entonces llegan Leopoldo y Passolini y me increpan un poco a los gritos y discuten sobre mi incapacidad para tuitear y preparar jugo clight de uva mientras Buster come entretenido una porción de arroz con leche que saca de su banquito.