repollitos de bruselas

Voy a las oficinas de Canal 13 a ver qué novedades tienen para mí y de paso a preguntar el precio de los repollitos de bruselas. Imagino que pueden llegar a ser ricos y tengo una nueva receta que deseo probar. De paso por la cafetería, me encuentro con Pablito Codevilla y mi amiga Carolina de Michele que están solucionando algunos temas tipográficos. Ambos me saludan y me informan que Alfredo (el hombre con la cara de Buster Keaton) se fue a vivir a Grecia. Yo les grito: ¡Mienten! pero ellos insisten con el tema. Yo no comprendo cómo fue que ocurrió esto ya que hace unas horas lo leí tuiteando desde Buenos Aires. Además pienso que de haberse ido así de golpe, al menos podría haberme avisado por mail. Prendo la televisión que está en la cafetería que da a Cochabamba y lo veo, de lo más campante, tuiteando desde allá. A todo esto, el rating de no sé qué programa no está funcionando y yo tengo que ir a revisar esas cuestiones con el chico del video club de mi barrio que se parece mucho a Mex Urtizberea. Reviso las planillas y veo que el sistema de mediciones se llama “Pablo Oriel”, igual que un amigo mío. Inmediatamente lo llamo a la casa, a ver si nos puede ayudar pero en su contestador nos informa que se fue a nadar un rato al club.

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Everest

Meryl Streep es la directora del equipo de dramaturgos con el que estoy trabajando. Es jueves y estamos todos en el campo escribiendo, leyendo y tomando café con leche cuando tocan a la puerta. Meryl, que nos cuida con uñas y dientes, saca una metralleta y antes de abrir, grita: “¡a mi equipo no lo dañarán, lepras!”. Abre y es un señor muy simpático y amable que parece conocerla. Es un ex novio de ella o algo así. Lo saludamos y seguimos con lo nuestro. Hasta que hablamos.
-Me gusta el aeromodelismo.
-Como a Steve Martin.
-Yo soy Steve Martin.
Grito. Aplaudo. Estoy tan emocionada que me voy a saltar a las rocas con los amigos del secundario de Mex Urtizberea. Subo, subo, subo y cuando llego a la cima me doy cuenta de lo peligroso del salto. Mex me alienta y sus compañeros también. Entonces lo veo a Poca que tiene puesto el uniforme del La Salle. Lo saludo. Y le pido que le avise a los demás que me quiero volver a casa. Estoy parada en la punta del Everest. Todavía no sé cómo hice para llegar hasta ahí. La cuestión es que ahora no sé bajar. Inmóvil, contengo la respiración mientras les escribo papelitos a los chicos: “Suban por mí”, “Quiero coca cola”, “Llamen a mis amigos”, “¿Dónde están mis gatos?”