Predicciones

Estoy sentada en una mesa de La Giralda, charlando con Alfredo Cutipaste (aka “El hombre con la cara de Buster Keaton”). Tomamos café mientras le cuento por mail todo lo que le depara el futuro. Le digo lo que veo que le está por pasar y él mira con seriedad las cartas que van saliendo, los mails, las tazas y la computadora mientras por al lado nuestro pasa mi amiga Guadalupe y nos saluda. Le cuento que estoy prediciendo el futuro de las personas y ella me dice que capaz no haya que decir todo lo que uno ve cuando ve y sale de ahí rapidísimo. Capaz que tiene razón, capaz que no tengo que decir nada más. Entonces agarro mis cosas, saludo amablemente a Alfredo y me voy a filmar una película con mi mejor amigo Ezequiel.
Estamos en San Telmo, parece.
Y hay una escena que ocurre en lo de Leandro Cristóbal. Yo estoy con la cámara y me acerco a él que está picando algo. Le pregunto qué es eso y dice: AJO.
-Detesto el ajo, Lele
-No mires, entonces.
Él mete todo lo picado en la salsa que vamos a comer los del rodaje y yo me pongo loca. Busco ayuda desesperadamente mientras él arremete: “Es la mejor salsa de salchichas que vas a comer en toda tu vida, Susana”.
-Soy vegetariana. VEGETARIANA. ¡SOY VEGETARIANA!
Transpiro, me pongo aún más inquieta pero todos allí están encantados con la salsa, el ajo y las salchichas. En eso aparece la tía de Narda Lepes y exclama: “Hoy crecés de golpe, nena. Esto te va a cambiar la vida”.

Robert

Resulta que Robert, el señor de mi librería amiga, está limpio desde hace 2 años. Sin embargo y según dicen sus compañeros de trabajo, se va a gastar lo que vale un libro de Martin Amis en pepa. Yo no entiendo nada pero me preocupa un poco la situación. Rafa y Sonia revisan bolsillos, cajones y deciden cerrar el negocio para ir a buscar a Robert. Los acompaño. Lo bueno de todo esto es que vamos en un auto tipo limusina. Vamos recorriendo los barrios de Belgrano, Las Cañitas y Constitución pero Robert no aparece. En un momento bajo del auto y me quedo mirando un afiche que hay pegado en una pared hasta que llega mi mejor amigo y nos vamos juntos a tomar café con leche a la Giralda que ahora no se llama más así. Ahora es “Confitería Alelí”. El café está riquísimo como siempre. El nuevo nombre es espantoso.