El recital

Estamos con Rotten y su hermano Mauro tomando un café con cañas en el bar del Polaco Goyeneche, hablando de discos y películas. De pronto me agarran de la mano y me dicen: “Hoy toca Metálica. Tenemos que ir”. La verdad es que no me entusiasma mucho la idea pero acepto.
La entrada sale muy cara cosa que me pone un poco de mal humor sin contar que llegamos sobre la hora y los roqueros nos insultan furiosos. El lugar es idéntico al multiplex Belgrano pero el público me intimida un poco con sus trajes de cuero y las tachas. Por suerte encontramos a Marcos Killa que conoce a todos allí y nos consigue unos lugares fantásticos. Parece que es el encargado de presentar los shows de esta noche. Al menos es lo que nos cuenta mientras todos aplauden y ovacionan y putean. También se rumorea que hoy van a tocar la canción esa en la que la gente enloquece y rompe los muebles de la casa como se ve en el video. Con el ceño fruncido le aclaro a Rotten que no quiero estar sentada tan cerca de la banda cuando empiecen a tirar cosas al escenario. Él me dice: “no pasa nada” pero no estoy muy convencida… Gracias a Dios, un pibe que está sentado a mi lado me calma y me da una revista con dibujos de Daniel Clowes. Lo cierto es que me pongo contenta porque descubro que también este recital funciona como una feria de comics e imagino que podré saludar a Gabriel Bobillo cuando aparezca con algunos números inéditos de “Anita la hija del verdugo”. Tomo una pepsi y me relajo. Al fin.

Picada de hongos

En casa se corta la luz y sólo hay velas encendidas. Igual es extraño porque a mí me asustan mucho los cortes de luz y en este caso me siento tranquila. Están algunos de mis amigos charlando en el living. Yo paso por ahí, los veo, les sonrío y sigo caminando hasta la cocina sin tropezarme. Entonces me encuentro con Gabriel, que como siempre está vestido de Indiana Jones y en sus manos lleva una picada de hongos. Quiero saber por qué no hay queso gruyere y me responde que no nos da el presupuesto para tanto. Abro la heladera y le muestro mi colección de quesos y él responde que los quesos no se guardan en la heladera y que ya no sé distinguir entre un cheddar y una botella de agua mineral.
Por fin dejo atrás todo aquello y escucho la voz de Jorge Serrano cantando boleros hasta que el Amtommio me clava su mirada felina y del susto me hace volver a la realidad y así.