Los intrusos

En la quinta hay muchos mosquitos y por más off que nos pongamos, los muy malignos nos siguen picando. En un momento, Marc Anthony le pide a J.Lo que le pase el raid ese que no tiene olor. Yo los miro fijo porque no entiendo mucho que están haciendo ahí ni cómo aparecieron. Me siento en una reposera y los observo interactuar: no parecen estar separados y se hablan con tonada cordobesa. Estoy tan shockeada que decido prepararme una chocotorta para acompañar mi pepsi con limón. Ahora estoy en la cocina de un bar y tengo un ayudante: mi amigo Eduardo. Éste me avisa que para la merienda está invitado tom hanks. La noticia me provoca tanta emoción, que la chocotorta queda convertida en un alfajor guaymallén de fruta y la pepsi en un matecocido con leche. Suena wilco. Otra vez.

La boda

Estamos en el casamiento de unos amigos en un bote-isla en Claromecó.
Hay farolitos de colores por todos lados y yo quiero llevármelos a mi casa porque parece que en mi barrio no se conisiguen y me hacen recordar a la navidad. O eso es lo que le comento a la novia cuando la saludo. Mi amigo Eduardo me agarra de la mano y yo aprovecho y le pregunto:
-¿sabés por qué esto terminó en boda?
Eduardo me hace callar. Parece que estoy hablando fuerte.
En las mesitas -preparadas por Juliana López May- hay muchas flores comestibles y hongos de los buenos. Y nos convidan con unos ponches servidos en vasos muy pequeños como dedales pero que requete emborrachan. Yo tomo dos y al rato hablo en nepalí claramente. Y todos me entienden pero me responden en castellano o inglés mientras posamos para las fotos que automáticamente se autopublican en flickr.