Puta madre

Soñé con Cutipaste de nuevo. Sí, el hombre con la cara de Buster Keaton. Resulta que él me tenía que decir algo re importante. Capaz que era una clave bancaria o el número ganador del Quini 6, no sé. Yo lo estaba esperando en el Mercado de Pulgas, en donde además de vender cosas viejas y usadas, habían montado un circo lleno de payasos y acróbatas. Todas cosas que me provocan mucha angustia, por cierto. De pronto aparece una actriz europea diciendo que es mi madre y que tengo un hermano que se llama Maculay Culkin y yo empiezo a correr desesperada por entre medio de los puestos hasta que me choco con un payaso que reparte unos volantes para ir a un show de wilco. Y en vez de alegrarme por la idea de ver a Wilco -una de mis bandas favoritas del mundo-, me largo a llorar desconsoladamente.
La cuestión es que Cutipaste nunca llegó porque estaba en una realidad paralela que no era otra cosa que su vida de todos los días, buscando una banda en la cual tocar.

El hombre con la cara de Buster Keaton

Estaba con mi amiga Carolina en su casa y ella llamaba por teléfono a Cutipaste, que es mi persona favorita de twitter porque es igual igual a Buster Keaton. Lo llamaba para su cumpleaños que es ahora, en estos días y le decía: “¡hola Cuti!” y charlaban de la vida, de sus cosas, de su próximo viaje en familia. Y a mí me agarraba una crisis de celos ante la cercanía entre ellos. Entonces la increpaba: “¿por qué hablás así con Cutipaste? ¿No te das cuenta que me dan celos? Ah, es porque los dos militan en La Cámpora? Porque vos también militás en La Cámpora, no? ¿De ahí lo conocés?”
Con cara de culo me quedo a cenar y ella me prepara albóndigas de carne. Además de ser vegetariana, nada me da más impresión que una albóndiga. Me quedo en el porche, sola con mi plato. Y voy tirando la comida envuelta en servilletas mientras ella recibe a otros amigos y a su novio Amadeo.
De pronto su casa se convierte en mi casa porque están mis vasos, mis armarios, mis cosas y hay una foto de cutipaste con la cara de buster keaton y yo se la quito porque no puedo soportar que ella tenga una foto suya sobre el aparador. Pero como soy torpe, se me cae y se rompe el cristal del portarretratos. Y yo me largo a llorar y ella me reta.
Ofendidísima decido irme, porque “no puedo estar en un lugar donde no conozco a nadie (que en realidad era una mentira porque había mucha gente amiga allí) y donde cutipaste ahora es graciela borges y antes era irma roy y yo sin saberlo”.