La boda

Estoy en un salón muy luminoso terminando de vestirme. Me veo en el espejo: el vestido es fantástico, el encaje color champagne me sienta bien. Aún así lo que más me enamora son las sandalias planas. Nunca vi novias casarse con sandalias planas. Y mucho menos de color dorado. Cuando mi papá viene a buscarme para ir a la Iglesia me doy cuenta de que no me he maquillado. Miramos la hora. Todavía hay tiempo. Llamo a Gabi para que venga rápido a delinearme los ojos.
Mi madre no quiere prepararme un té para evitar cualquier posible accidente. Mi padre pone un disco. Yo me miro los pies. En eso llega Gabi y en medio segundo me deja los ojos fantásticos. Más grandes, más brillosos, más intensos. Le doy un beso y salimos todos rumbo a la ceremonia. Yo bajo las escaleras corriendo y como el vestido apenas llega hasta los tobillos no tengo miedo de enredarme y caer.
Cuando por fin llegamos, aprovecho para darle las gracias a mi mamá por todo y me agarro del brazo de mi papá. Ay, qué nervios. Comienza a sonar “Here’s come the bride” cantado por Tom Waits y yo me desoriento un poco. Nunca pensé que me iba a casar. Mucho menos por iglesia. Mucho menos a esta edad. Mucho menos hoy. Menos que menos con alguien con tantas consonantes en el apellido. ¿Cómo recordar todas esas letras en medio de un dictado?
Mi papá y yo caminamos con mucho decoro y elegancia. Seguramente mis sandalias doradas ayudan a que todo sea más suave. Mantengo la mirada fija en el altar. No miro al novio porque tengo miedo de emocionarme y tropezar.
-¿Me dejaste la película que te pedí a mano? -pregunta mi papá.
-Sí. En la mesa del comedor.
Está toda mi familia. Lo sé aunque no los haya visto. En diez pasos más llegamos. No sé si contarlos o dejar que pase. Mejor dejar que pase.
Al llegar, el cura me saluda y me pide que deletree el apellido del novio. Yo me estremezco. No puedo deletrear eso. Mi novio me dice que lo intente. Que va a estar todo bien.
-Sturzenegger. Stur-ze-ne-gger
-Hija, acá dice otra cosa.
-¿Cómo otra cosa?
-Sí, acá tengo anotado Tenenbaum.
Me estoy casando con un Tenenbaum.
-Bueno… Te-nen-baum Stur-ze-ne-gger. Tenenbaum Sturzenegger.
Nadie entiende nada pero yo sé que me acabo de sacar un diez. Y que además estoy casada.

Ahora estamos en la casa de Gabi. La fiesta no terminó pero antes de irme de viaje tengo que hacer el ritual de cambio de estado: pasarle toda mi ropa de soltera a mi amiga más cercana. Nos sentamos en el suelo, entre ropas y valijas y mientras comemos pastel de bodas, cortamos todas las etiquetas de mis viejos vestidos. Y en eso estamos cuando el portero nos trae la Vanity Fair que cubrió mi casamiento. ¡Gabi salió mejor maquilladora de ojos del mundo! Brindamos.

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