Casi famosos

Estoy con la presión alta y me duele mucho la cabeza. Belén López del Río me dice que me tengo que calmar y hacer yoga antes de irme a casa pero yo no logro concentrarme, sólo quiero buscar en internet los síntomas y consecuencias de lo que me pasa. Mis brazos se estiran pero no lo suficiente como para alcanzar la notebook que está sobre el escritorio. En eso aparece Philip Seymour Hoffman cargado de discos. Belén se agarra la cabeza con las manos y resopla.
-Este pibe es insoportable.
Yo la miro y sonrío. A Philip lo conozco mucho y lo quiero.
Me acerco caminando suspendida, como si estuviera en una película de Spike Lee y lo saludo emocionada.

-Soy la amiga de Chaco Quintana, tu productor. Trabajamos juntos en varias películas. Mi favorita fue “Alta Fidelidad” aunque en “Casi Famosos” estuvimos muy regios los dos.

Él asiente sin decir nada y me pide la llave del baño. Hacemos una especie de intercambio: yo le doy las llaves y él me da sus cuadernos de rock. Me quedo mirando su letra que es practicamente la de un asesino serial. No sé nada de grafología pero esas cosas son obvias. Me asusto un poco y le comento por lo bajo a Belén que tenemos que tener cuidado con Philip porque hay una “J” que parece “K” y eso no es nada bueno. Entonces lo escuchamos gritar indignado. Parece que en el baño hay jacuzzi y sauna pero no hay inodoro.

-¡Carta documento! Demanda ya, grita Philip mientras llama al ascensor.

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