Paul McCartney

Paul McCartney está en nuestro país y está teniendo un romance con una de mis compañeras de la secundaria. Ella tiene miedo de engancharse por razones obvias pero él no deja de sorprenderla. Ahora estamos cenando con David Schwimmer y de pronto todos en la mesa confiesan qué cosas los harían sentir menos tristes en un día como hoy. “Un copo de azúcar”, declara David y ahí nomás Judd Law dice: “caminar de la mano por la playa con mi novia”. Yo no puedo creer todo esto y un poco me indigno, pero la verdad es que tengo muchas ganas de volver a ver a Martin Donovan, mi jefe de 60 años que ahora es mi amante. En eso estoy cuando alguien propone abrir un cine cerca de Puente Saavedra. “Si como yo creo, la gente va al cine para tener sexo… es ridículo que en la cuadra de Maipú y José Ingenieros no haya un maldito kiosco”, sentencia Nancy Dupláa. Yo estoy que me desbordo por escribir aquello en twitter. ¿De qué está hablando? La verdad es que como no logro seguir la charla, agarro una revista Gente que hay por ahí y leo: “Paul McCartney sale de gira mundial en 10 horas”. Pienso en Sandra (Ruiz) y en Paul. Y en lo difícil que les resultará continuar el romance y le mando un mensaje: “No te des por vencida. Yo te regalo una entrada para que lo vayas a ver a Estocolmo”.

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