Mr. Ziegler

Llego a mi casa nueva y voy directo al living escoltada por un señor que no conozco. A medida que avanzo, el lugar se vuelve más lujoso e inmenso hasta quedar del tamaño de dos mansiones. Eso me inquieta bastante porque siento que podría perderme con facilidad y que las expensas van a ser cuantiosas. Además el google map no está funcionando bien y no tengo la filcar ni señal para llamar por teléfono a mi mejor amigo. Casi no puedo respirar. Busco mi inhalador en el bolsillo pero sólo encuentro dos copas de cognac sobre la mesa y a Sydney Pollack jugando al billar como si yo no existiera. Decido hablarle; le digo: “sr. Ziegler, es usted?” Y claro que es él aunque no me responda. Se le nota en las cosas que me dice con la mirada. Me señala con el dedo y me increpa sin levantar la voz: “Sé lo que te pasó ayer a la noche. ¡Lo sé, carajo!”. No sé de qué habla pero por las dudas a mí se me cierra el pecho del miedo. Entonces escucho ruidos, cosas que se rompen. Vidrios que estallan. Si no salgo de ahí es probable que muera pero es muy difícil dejar a Pollack con la palabra en la boca.

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