Whisqui

Salgo de la iglesia del barrio con una botella de whisqui y aparezco en lo de mi hermano Sebastián. Su casa palermitana ahora es gigante y parece un local de ropa: la gente pasa y nos ve a través de las vidrieras. La cuestión es que no sé si está feliz de verme o si le estoy complicando la vida. Se rasca la cabeza, se pone inquieto y comenta que no puede terminar de escribir su guión. De todos modos, lo único que yo necesito es el suplemento Clarín de espectáculos para ver la cartelera. Busco y busco por todo el lugar pero sólo encuentro la manta que usaba de chica para taparme. La agarro y me acuesto a dormir una siesta. Entonces tengo un sueño fantástico en donde todo ocurre en un parque de diversiones inmenso de la India, donde hay un carrusell de coches muy estilo Tati y yo tomo pepsi mientras canto canciones de Nicola Di Bari.

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