Talleres de autoayuda

Estoy en un grupo de esos que ayudan a sobrevivir a los atardeceres. De pronto levanto la mano para pedir una recomendación: necesito una película que me hable del tema para usarla como exorcismo. Alguien se apiada y me hace ver “Adventureland” que con su parque de diversiones y las canciones de “Yo la tengo” sólo logran que me largue a llorar desconsoladamente. Por suerte siguen las recomendaciones… pero algo pasa, dado que todas las películas que proponen son como esa. Todas tienen la misma banda de sonido y están protagonizadas por Jesse Eisenberg. Lo único que cambia en la historia es que a veces Jesse sale rapado, a veces aparece con el pelo largo o con rastas. Todo muy raro.

El cumple de Mauro

Gloria es la mamá de mi amigo Mauro. Estábamos en su casa de San Martín y mientras yo preparaba el café con leche de la tarde, ella le revisaba los bolsillos de toda la ropa y encontraba billetes de 100 dólares todos mojados y arrugados. Ella protestaba, decía que no sabía por qué su hijo le daba tan poca importancia al dinero. Y yo, en un arranque de locura, decía: “Me los llevo yo, Gloria. Yo sí respeto al dólar”.
Luego se volvía todo muy confuso. Yo salía de la casa pero tenía acceso a unas instantáneas del estilo de las polaroid que la misma vida iba poniendo en el aire. Y estaban todos festejando un cumpleaños. Había torta con glaseado, coca cola y cupcakes de los buenos. Y también estaba mi amiga Soles. Yo me indignaba bastante y reclamaba la invitación al cumple. Mauro en lugar de contestarme se iba al pogo con Zooey Deschanel y juntos me sacaban la lengua.

Otra vez soy estrella invitada de Gossip Girl

Estoy en un lugar increíble de Manhattan. Es la mejor fiesta privada de los últimos 20 años y está todo el mundo invitado. Veo a Madonna, a Graciela Borges, a Keith Moon y a Carlitos Perciavale. Alguien me regala un saco divino de vicuña y tengo que ir a probármelo al baño, que es un baño con ventanales hasta el piso que me permite ver la nevada. Entonces entra mi amiga Soles que ya no es Soles sino Scarlett Johansson y quiere mi saco. Se lo presto por un rato y ella huye con Cristian, el conductor de #SocialShow hacia algún lugar de la pista, a bailar. Yo me indigno un poco pero cuando estoy por irme de ahí aparece Cecilia Horton que ahora es la abogada de Bart Bass, quien al parecer armó la fiesta. Afuera hay muchos gritos: Cristian ya no está con Scarlett Johansson sino con Jennifer Love Hewitt y se arma flor de despelote por eso. Me comentan que también está “el hombre con la cara de Buster Keaton”. Me alegro y quiero ir a saludar pero aparece Flor Ghío (colega y ex compañera de trabajo) trayendo a Serena Van der Woodsen totalmente incosciente por las drogas y me pide ayuda. En el baño hay una bañera gigante y la metemos ahí. Florencia la cachetea y llamamos al 911 que viene representado por Oprah Winfrey. Serena revive y nosotras respiramos aliviadas. Luego de este episodio consigo salir de la fiesta y aparezco en la calle, con ¡Bart Bass! que lejos de estar muerto… habla con Horton sobre una cita que tiene esta misma noche con su mujer Lili. Entonces, aparece Cristian Nobile que ya no es más Cristian Nobile de #SocialShow sino que se ha convertido en Dan Humprey, Chuck Bass y Soles. Y todos comen en un lugar de la 5ta avenida bastante feo, por cierto. Y hay un perro pekinés que es propiedad de los Bass. Luego caminamos rumbo al hotel de la familia, en donde nos espera Lili, que me ofrece un mate cocido en agradecimiento por salvar a Serena. Se la ve guapísima. Me voy al living a jugar al Teg con Chuck pero algo pasa en la cocina. Al parecer Bart tiene una reunión de negocios, Lili enojada trata de suicidarse… y él, de los nervios sufre un ataque al corazón y muere.

La ex de mi ex

Estaba en el cine General Paz, trabajando en un proyecto sobre unas fotos cuando llega la mujer de un ex novio que en el sueño también es una ex. Nos saludamos relajadamente y nos ponemos a hablar de su divorcio. En realidad no quiero hablar de eso pero ella saca el tema y no me queda otra que enterarme de todos los detalles. Entonces aparece él con los hijos de ambos. Y nos saluda a las dos con mucho amor. Y ella comenta: “se nota que aún nos ama”. Hablamos un rato y decidimos que lo mejor es alquilar un auto y viajar a un lugar con vista al mar para poder filmar nuestra película. Los chicos, ellos dos, el chef Leandro Cristóbal y yo, vamos por una ruta que es como la ruta del circuito de Montecarlo. Ella maneja maravillosamente bien pero aún así por momentos todos tenemos miedo de morir estrellados en alguna curva. Cuando llegamos al lugar y Leandro nos prepara la cena, algo sucede porque todo vuelve al punto de partida.
Y de nuevo estoy en el cine General Paz con mi proyecto fotográfico y de nuevo llega esta mujer y así hasta que despierto sin poder respirar muy bien y logro encontrar el inhalador.

Tengo problemas

Estoy en una especie de balneario con deck y jardín de invierno junto a toda la familia de Cecilia Horton. Ella no está, pero sí está su mamá, su papá y sus hermanos. Yo estoy sentada junto a Diego, que en este caso es rubio rubio, como Owen Wilson. Parece que es el cumpleaños del padre, porque llegan amigos con regalos. Lo que no sé muy bien es por qué razón nosotros abrimos los paquetes primero. Diego abre uno que contiene un suéter en color verde con unos dibujos muy delicados en otros tonos y le dice a quien lo trajo: “Está muy bien, es acrílico. ideal para usar con una camisa debajo. Ahora se lo podés mostrar a papá”. Entonces, la mamá de Cecilia me acerca un refresco y yo le pregunto por Horton. (A cecilia siempre le digo Horton) Y ella me contesta: “No sé por qué le decís Horton a Cecilia si claramente se llama Cecilia”. Quedo confundida y me voy.
De ahí, paso a una fiesta familiar en la casa de mis padres. Todo está muy arreglado y yo estoy intentando trabajar en el manuscrito de mi novela. El escritorio es el Abasto shopping pero en lugar de sentirme perdida, parece que me gusta estar ahí. Lo que me pone mal es volver a la casa de mis padres y hablar con mis primos. En un momento uno de ellos hace un chiste sobre la infidelidad. Y yo le respondo a los gritos, generando un despelote de padre y maría santísima. Parte de mi familia se ofende. Mi madre me increpa. “Siempre hacés todo mal, siempre arruinás las reuniones… ¿Qué querés que te digamos a vos para ofenderte?” Como no sé qué responder, escribo en la parte de atrás de las hojas de mi novela mensajes para todos: “LOS ODIO”, “NO QUIERO VERLOS MÁS”, “SON HORRIBLES” y los tiro por toda la casa. Y me voy.

Harvard

Me llama Leopoldo Torre Nilsson para recordarme que en Harvard me están esperando. Me dice textual: “Susana, no te quedes perdiendo el tiempo en boludeces que después siempre llegás tarde y Passolini cuenta con vos”. Esa podría haber sido una frase muy de mi madre pero sin embargo sale de la boca de el gran Babsy. Me preparo para ir a Harvard a encontrarme con Passolini en la puerta del aula mayor, que no es otra cosa que la Municipalidad de Vicente López. Una vez allí, me encargan dictar clases de cómo tuitear con eficacia pero mi único alumno es Buster Keaton, quien se muestra un tanto inquieto con la colección de logaritmos y problemas de lógica que voy poniendo en el pizarrón-pared. Entonces llegan Leopoldo y Passolini y me increpan un poco a los gritos y discuten sobre mi incapacidad para tuitear y preparar jugo clight de uva mientras Buster come entretenido una porción de arroz con leche que saca de su banquito.

Y de nuevo Culkin

(Me encanta cuando dejo de lado los sueños con pocas locaciones o pocos actores y me meto de lleno en un desfile de gente que lo vuelve todo aún más confuso)

Parece que estoy teniendo una aventura con alguien. Un tipo cuya cara recuerdo perfectamente pero en realidad la cara no tiene nada que ver con su identidad. Es decir, podría haberse puesto esa cara para despistarnos a todos pero acá lo que cuenta es lo que yo vi en su documento después. (y que no voy a develar porque ahora mismo ya no lo recuerdo)
Cuando nos despedimos -él se queda en mi casa, descansando y yo me voy por ahí-, camino por Avenida Maipú para el lado de Martínez o La Lucila. Y ahí me la cruzo a Viva Amorena. Vamos para el mismo lado pero tenemos grandes dificultades para conseguir un taxi. La cuestión es que me angustia saber que estoy llegando tarde. Entonces la dejo sola unos minutos y me subo a un auto de la policía y le pido al señor que me auxilie.
Acto seguido aparezco en un lugar que se parece muchísimo a la vieja Radio El Mundo, la que estaba en la calle Perón. Pero acá se ve totalmente remodelada. Y las locutoras son: Amorena, Marianela Torres (que es una ex compañera mía del secundario) y Choly Berreteaga. En un principio quedo shockeada por la novedad y aunque sé que yo no trabajo ahí, me pongo a hacer tareas de producción con Javier Greco (colega locutor) y Maculay Culkin. Maculay me pasa unos papeles sobre la verdadera historia de Elizabeth Taylor pero Greco lo detiene y comenta: “ella a mí me defraudó mucho porque nunca protestó ante la gerencia cuando la despidieron. Tendría que haber peleado más”. Yo los miro y decido que voy a ir a pelear. Entonces entro por un pasillo muy raro, oscuro… lynchiano y caigo en un bar, en donde las escaleras de chapa no están sostenidas por nada. Están claramente en el aire. Todo allí es rojo. Y a mí me sirven un trago que está muy bueno pero que se evapora fácilmente y cada ronda cuesta 91 euros. El barman me mira raro y yo, aún sabiendo que se me están yendo los ahorros a la mierda, le pido otro y espero. Ahí entra el gerente de la radio, que no es otro que Vicentico. Yo le digo todo lo que pienso y él se ríe, se toma lo que hay en mi vaso y se va dejando un post it pegado en mi mano. Un post it color rosa, completamente en blanco.

La vida con Greg

Greg Kinnear y yo nos mudamos a una casa muy cerca del mar en la zona de Camet pero que en realidad cuando nos vamos a dormir, nos permite ver las montañas y los lagos desde la ventana.
Él ahora es un ejecutivo de cuentas de una empresa muy importante: atrás quedó su época como actor de hollywood. Yo soy yo con mis cosas: los cuentos, las novelas, la música, el cine, los amigos de siempre y a veces también la radio y Vicentico. De pronto Greg quiere tener un hijo. O quiere que tengamos un hijo. Se decide por la paternidad. Supongo que yo acepto porque rápidamente nace un varón muy simpático y brillante y ambos le diseñamos un futuro a todo trapo. Y los conocidos vienen con sus cámaras a retratar a la nueva familia. Y nos traen caramelos Sugus Max y papel confetti para celebrar.

Los cuidados del barrio

Estoy durmiendo en mi cuarto con las persianas bajas. Aclaro esto porque muchas veces duermo con la luz prendida y las persianas bien levantadas, para poder ver el cielo. La cuestión es que a lo lejos escucho la voz de Esteban Prol que viene desde algún lugar del barrio, despertándome. Un tanto preocupada, me levanto para averiguar de qué se trata todo aquello pero el sonido del teléfono me distrae. Atiendo y es Bárbara Duran, quien aparentemente le está manejando la imagen política a Mauricio Macri. Quiere pedirme un consejo sobre la candidatura de Prol dentro de la unión vecinal de Olivos. Muerta de miedo, salgo a la vereda y lo veo parado en la puerta de la casa de Teresa, mi vecina, dando un discurso patético sobre la conservación de los VHS. Como yo soy fan del videocassette y tengo muchos en casa, aprovecho para tirarle por la cabeza los menos valiosos al grito de: “Andate a surfear, Esteban. Andate a surfear”.

Y entonces Lousteau

El ex Ministro de economía, Martín Lousteau va a la casa de mis padres junto a Martín Redrado y trabajan en sus proyectos desde ahí. Una mañana yo aparezco para desayunar y me choco con Lousteau y no lo puedo creer. Miro a mi madre, miro a mi padre, miro a Redrado como buscando una respuesta pero en ese momento el Amtommio empieza a refregarse en la pierna del ex ministro, llenándole el traje de pelos. Yo, completamente enamorada, le pregunto si le gustan los gatos y Lousteau me responde que no, pero que éste le parece un gato sindicalista y lo quiere educar.